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La dama errante La raza, Tomo I

La dama errante
La raza, Tomo I
Category:
Author: Baroja Pío
Title: La dama errante La raza, Tomo I
Release Date: 2018-11-17
Type book: Text
Copyright Status: Public domain in the USA.
Date added: 27 March 2019
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Nota del Transcriptor:

Se ha respetado la ortografa y la acentuacin del original.

Errores obvios de imprenta han sido corregidos.

Pginas en blanco han sido eliminadas.

La portada fue diseada por el transcriptor y se considera dominio pblico.


OBRAS DE PIO BAROJA

Vidas sombras.

Idilios vascos.

El tablado de Arlequn.

Nuevo tablado de Arlequn.

Juventud, egolatra.

Idilios y fantasas.

Las horas solitarias.

Momentum Catastrophicum.

La Caverna del Humorismo.

Divagaciones sobre la Cultura.

LAS TRILOGAS

TIERRA VASCA

La casa de Aizgorri.

El Mayorazgo de Labraz.

Zalacan el Aventurero.

LA VIDA FANTSTICA

Camino de perfeccin.

Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox.

Paradox, rey.

LA RAZA

La dama errante.

La ciudad de la niebla.

El rbol de la ciencia.

LA LUCHA POR LA VIDA

La busca.

Mala hierba.

Aurora roja.

EL PASADO

La feria de los discretos.

Los ltimos romnticos.

Las tragedias grotescas.

LAS CIUDADES

Csar o nada.

El mundo es ans.

La sensualidad pervertida.

EL MAR

Las inquietudes de ShantiAnda.

MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIN

El aprendiz de conspirador.

El escuadrn del Brigante.

Los caminos del mundo.

Con la pluma y con elsable.

Los recursos de la astucia.

La ruta del aventurero.

Los contrastes de la vida.

La veleta de Gastizar.

Los caudillos de 1830.

La Isabelina.


ES PROPIEDAD
DERECHOS RESERVADOS
PARA TODOS LOS PASES

COPYRIGHT BY
RAFAEL CARO RAGGIO
1920

Establecimiento tipogrfico
de Rafael Caro Raggio.


Po Baroja

La dama errante

Rafael Caro Raggio
editor
Mendizbal, 34
Madrid


[Pg 7]

No soy muy partidario de hablar de mmismo; me parece esto demasiadoagradable para el que escribe y demasiadodesagradable para el que lee; pero puestoque esta Biblioteca[1] me pide un prlogo,interrumpir mi costumbre de no dar explicacioneso aclaraciones personalistas y, poruna vez, me entregar a la voluptuosidad dedecir yo hasta la saturacin.

[1] Se refiere a la Biblioteca Nelson.

Sera una estpida modestia, por mi parte,que yo afirmase que lo que escribo novale nada; si lo creyere as, no escribira.

Suponiendo, pues, que en mi obra literariahay algo de valor—como en matemticasse supone a veces que un teorema estde antemano resuelto—, voy a decir, conel mnimo de modestia, cul puede ser, ami modo, el valor o mrito de mis libros.

[Pg 8]

Este valor creo que no es precisamenteliterario ni filosfico; es ms bien psicolgicoy documental. Aunque hoy se tiende, porla mayora de los antroplogos, a no darimportancia apenas a la raza y a darle muchaa la cultura, yo, por sentimiento msque por otra cosa, me inclino a pensar queel elemento tnico, aun el ms lejano, estrascendental en la formacin del carcterindividual.

Yo soy, por mis antecedentes, una mezclade vasco y de lombardo: siete octavosde vasco, por uno de lombardo.

No s si este elemento lombardo (el lombardoes de origen sajn, al decir de los historiadores)habr infludo en m; pero, indudablemente,la base vasca ha infludo,dndome un fondo espiritual, inquieto yturbulento.

Nietzsche ha insistido mucho en la diferenciadel tipo apolneo (claro, luminoso,armnico) con el tipo dionisaco (obscuro,vehemente, desordenado). Yo, queriendo osin querer, soy un dionisaco.

Este fondo dionisaco me impulsa al amor[Pg 9]por la accin, al dinamismo, al drama. La tendenciaturbulenta me impide el ser un contempladortranquilo, y al no serlo, tengo,inconscientemente, que deformar las cosasque veo, por el deseo de apoderarme deellas, por el instinto de posesin, contrarioal de contemplacin.

Al mismo tiempo que esta tendencia porla turbulencia y por la accin—en arte, lgicamente,tengo que ser un entusiasta deGoya, y en msica, de Beethoven—, siento,creo que espontneamente, una fuerteaspiracin tica. Quiz aqu aparece el lombardo.

Esta aspiracin, unida a la turbulencia,me ha hecho ser un enemigo fantico delpasado, por lo tanto, un tipo antihistrico,antirretrico y antitradicionalista.

La preocupacin tica me ha ido aislandodel ambiente espaol, convirtindome enuno de tantos solitarios. Robinsones conchaqueta y sombrero hongo, que pueblanlas ciudades.

Como Espaa y casi todos los dems pasestienen su esfera artstica, ocupada casi[Pg 10]por completo por hbiles y farsantes, cuandoyo empec a escribir se quiso ver en m,no un hombre sincero, sino un hbil imitadorque tomaba una postura literaria dealguien.

Muchos me buscaron la filiacin y la receta.Fu, sucesivamente, segn algunos, unroedor de Voltaire, Fielding, Balzac, Dickens,Zola, Ibsen, Nietzsche, Poe, Gogol,Dostoievski, Maeterlinck, Mirbeau, France,Kropotkin, Stendhal, Tolstoi, Turgueneff,Hauptmann, Korolenko, Mark Twain, Galds,Ganivet y de otra docena ms, y, sobretodo, de Gorki. Esto ltimo, el considerarmecomo un seudo-Gorki, se debi,principalmente, a que yo fu el primero, ouno de los primeros, que escribi en espaolun artculo acerca de este escritorruso.

Realmente, era suponer en m demasiadacandidez y poca malicia, el que yo presentaraal pblico que haba de leerme a un escritora quien estaba desvalijando. Claroque, como yo no le desvalijaba ni seguapor su camino, no me importaba nada que[Pg 11]fuera Gorki conocido en Espaa. Mis admiracionesen literatura no las he ocultadonunca. Han sido y son: Dickens, Balzac, Poe,Dostoievski y, ahora, Stendhal. Generalmente,el crtico no se contenta con lo quele dice el autor. Supone que ste tiene quehablar siempre con malicia y ocultar algo,lo que demuestra que hay que atravesarmuchas atmsferas de incomprensin paraser solamente escuchado.

Yo no quiero decir que en mis libros nohaya influencias e imitaciones: las hay comoen todos los libros; lo que no hay es la imitacindeliberada, el aprovechamiento, disimulado,del pensamiento ajeno. Hay, porejemplo, en una novela ma: La Casa de Aizgorri,una reminiscencia, segn dicen, de LaIntrusa, de Maeterlinck. Sin embargo, yo nohe ledo, ni antes ni despus, La Intrusa; ycmo se explica entonces la vaga imitacin?

Se explica de una manera sencilla. Yohaba odo hablar, antes de escribir mi libro,a algunos literatos de La Intrusa, de su argumento,de sus escenas. Sin duda, sin saberlo,me apropi la impresin reflejada en[Pg 12]un espaol por el drama del autor belga, yla consider ma; pero yo estoy seguro queel que comparase las dos obras minuciosamente,no encontrara una frase, una frmula,nada parecido que indicara que yo hayaseguido en el pensamiento a Maeterlink;porque no lo conoca, ni despus me ha interesado.Es el ambiente, muchas veces, elque da semejanza a dos obras.

Si yo hubiera escrito esta misma novela:La Casa de Aizgorri, despus de la Electra,de Prez Galds; si hubiera escrito La Busca,despus de La Horda, de Blasco Ibez,y Paradox, rey, despus de La Isla de lasPingios, de Anatole France, me hubieranacusado de imitador, porque hay muchasemejanza entre estas obras y las mas, y,probablemente, ms que entre La Casa deAizgorri y La Intrusa; pero las escrib antes.Sin embargo, no se me ocurri decirque esos autores me haban imitado, sinoque haban coincidido conmigo y habancoincidido con ms xito, pues las tres obrasde esos autores fueron aplaudidas y las masquedaron en la estacada.

[Pg 13]

Dejando esta cuestin, puramente literaria,seguir con el autoanlisis, para m msinteresante. He dicho que soy antitradicionalistay enemigo del pasado, y, efectivamente,lo soy, porque todos los pasados, yen particular el espaol, que es el que msme preocupa, no me parecen esplndidos,sino negros, sombros, poco humanos.

Yo no me explico, y probablemente nocomprendo, el mrito de los escritores espaolesdel siglo xvii; tampoco comprendo elencanto de los clsicos franceses, excepcinhecha de Molire.

De esta antipata por el pasado, complicadacon mi falta de sentido idiomtico—porser vasco y no haber hablado misascendientes ni yo castellano—, precede larepugnancia que me inspiran las galas retricas,que me parecen adornos de cementerio,cosas rancias, que huelen a muerto.Este conjunto de particularidades instintivas:la turbulencia, la aspiracin tica, eldinamismo, el ansia de posesin de las cosasy de las ideas, el fervor por la accin, elodio por lo inerte y el entusiasmo por el[Pg 14]porvenir, forman la base de mi temperamentoliterario, si es que se puede llamarliterario a un temperamento as que, sobreun fondo de energa, sera ms de agitadorque de otra cosa.

Yo no considero estas condiciones seanexcelentes, ni que con ellas se hagan obrasmaestras, sino que son, al menos a m meparece que son.

Dados estos antecedentes, es muy lgicoque un hombre que sienta as tenga que tomarsus asuntos, no de la Biblia, ni de losromanceros, ni de las leyendas, sino de lossucesos del da, de lo que ve, de lo queoye, de lo que dicen los peridicos. El quelea mis libros y est enterado de la vida espaolaactual, notar que casi todos losacontecimientos importantes de hace quinceo veinte aos a esta parte aparecen enmis novelas.

Esto las da un carcter de cosa poltica ymomentnea muy alejado del aire solemnede las obras serias de la literatura. En el fondo,yo soy un impresionista.

La dama errante est inspirada en el[Pg 15]atentado de la calle Mayor, contra los reyesde Espaa. Este atentado produjo una enormesensacin. En m la hizo grande, porqueconoca a varios de los que intervieronen l.

Mateo Morral, el autor del atentado, solair a un caf de la calle de Alcal dondenos reunamos varios escritores. Le solanacompaar un periodista, un empleado deltranva, llamado Ibarra, que luego estuvopreso despus del crimen, y un polaco,viajante o corredor de un producto farmacutico.

Este polaco e Ibarra recuerdo que tuvieronuna noche un serio altercado con unpintor que dijo que los anarquistas dejabande serlo cuando tenan cinco duros.

Yo no creo que habl nunca con Morral.El hombre era obscuro y silencioso; formabaparte del corro de oyentes que, todavahace aos, tenan las mesas de los cafs dondecharlaban los literatos.

El tipo de Nilo Brull, que aparece en LADAMA ERRANTE, no es la contrafigura de Morral,a quien no trat; este Brull es como la[Pg 16]sntesis de los anarquistas que vinieron desdeBarcelona, despus del proceso de Montjuich,a Madrid, y que tenan un carcteralgo parecido de soberbia, de rebelda y deamargura.

Despus de cometido el atentado y encontradoa Morral muerto cerca de Torrejnde Ardoz, quise ir al hospital del BuenSuceso a ver su cadver; pero no me dejaronpasar.

En cambio, mi hermano Ricardo pase hizo un dibujo y luego un aguafuertedel anarquista en la cripta del Buen Suceso.

Mi hermano se haba acercado al mdicomilitar que estaba de guardia a solicitar elpaso, y le vi leyendo una novela ma, tambinde anarquistas, Aurora roja. Hablaronlos dos con este motivo, y el mdico leacompa a ver a Mateo Morral, muerto.

La angustia del doctor Aracil, paseandopor las calles de Madrid, est inspirada enmi novela en la de los conocidos del terrorista,que anduvieron escondindose aquellanoche.

[Pg 17]

Lo dems del libro, casi todo est hechoa base de realidad. La mayora de los personajesson tambin reales. El doctor Aracil,aunque desfigurado por m, vive; el queme sirvi de modelo para pintar a Iturrioz,muri; Mara Aracil pasea por las maanaspor la calle de Alcal. Algunos supusieron,no s por qu, que en Mara Aracil habaquerido yo pintar a Soledad Villafranca,la amiga de Ferrer, cosa absurda, que notiene apariencia de verdad.

Yo, cuando escrib LA DAMA ERRANTE, noconoca a Soledad Villafranca; la conocdespus, en Pars, en casa de un profesor,donde estuve convidado a cenar. Como ellaes de Pamplona y yo me eduqu tambinall, hablamos largo rato, y en el cursode la conversacin me dijo que habaledo LA DAMA ERRANTE. Como es lgico, nohaba encontrado ninguna alusin a ella enel libro, y, en cambio, s haba credo ver lacontrafigura de Ferrer.

Los dems tipos de la novela fuerontambin tomados del natural, y el viaje porla Vera de Plasencia lo hicimos mi hermano[Pg 18]y yo y un amigo, llevando en un burro provisionesy una tienda de campaa.

Los ventorros y paradores del caminoson, poco ms o menos, como los descritospor m, con los mismos nombres y la mismaclase de gente. El Musi, el Ninchi y elGrillo es posible que anden todava poresas aldeas, siguiendo su vida de trotar caminosy engaar a los bobos.

Probablemente, un libro como LA DAMAERRANTE no tiene condiciones para vivir muchotiempo; no es un cuadro con pretensionesde museo, sino una tela impresionista;es quiz, como obra, demasiado spera,dura, poco serenada...

Este carcter efmero de mi obra no medisgusta. Somos los hombres del da gentesenamoradas del momento que pasa, de lofugaz, de lo transitorio, y la perdurabilidado no de nuestra obra nos preocupa poco,tan poco, que casi no nos preocupa nada.

po BAROJA

Madrid, marzo, 1916.


[Pg 19]

I.
LA ABUELITA

En nuestra poca y en nuestro pas

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