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De Sobremesa; crónicas, Cuarta Parte (de 5)

De Sobremesa; crónicas, Cuarta Parte (de 5)
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Title: De Sobremesa; crónicas, Cuarta Parte (de 5)
Release Date: 2018-12-17
Type book: Text
Copyright Status: Public domain in the USA.
Date added: 27 March 2019
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Nota del Transcriptor:

Se ha respetado la ortografa y la acentuacin del original.

Errores obvios de imprenta han sido corregidos.

Pginas en blanco han sido eliminadas.

La portada fue diseada por el transcriptor y se considera dominio pblico


De sobremesa

CRNICAS

Cuarta serie

MADRID
PERLADO, PEZ Y COMPAA
SUCESORES DE HERNANDO
Arenal, 11 y Quintana, 31 y 33
1912


ES PROPIEDAD.—DERECHOS RESERVADOS

Artes Grficas MATEU.—Paseo del Prado, 30.—Madrid.


De sobremesa

I

La obra de Gregorio Martnez SierraCancin de cuna es una de las ms bellascomedias estrenadas en estos ltimos aos.Fu de los primeros en conocerla y en predecirsu triunfo. Aunque el aplauso del pblicoy los justos elogios de la crtica no hubieransido en esta ocasin tan unnimes,en nada hubiera rectificado mi juicio. Adems...esperaba desde hace tanto tiempoesa comedia! Os acordis, mi queridoGregorio, de aquella Redaccin del MadridCmico, y de aquel vuestro primer libro, yde vuestra timidez, que es el pudor de lasinteligencias honradas; timidez y pudor[6]que hoy desconocen tantos jovenzuelos osadosque aun no escribieron una lnea y yacreen haber conquistado el mundo?

A cualquiera podr haberle sorprendidoel triunfo de ahora, el que muchos llamandefinitivo, haber llegado! A m no podasorprenderme: no es Gregorio MartnezSierra de los que se revelan de pronto.Dios nos libre de las revelaciones! Si estaobra es una cifra brillante en su haberliterario, no vino por un golpe de audacia de fortuna; es la suma de muchos sumandosque ya indicaban la riqueza acumuladapor un trabajo constante, progresivo,bien intencionado siempre. GregorioMartnez Sierra no es de los que aciertanuna vez sorprender con relmpagos fuegosartificiales; la luz de su entendimientoes calor de hogar permanente, porque es calorde corazn...

Y ahora, mi amigo de siempre, cuandoyo s que alguna vez juzgasteis tibieza demi amistad el no haberse representado antesalguna de vuestras comedias, lo deplorisahora? No veis cmo todo llega su tiempo? No veis cmo todo viene en[7]cadenadoen la vida, y cuando distanciavemos los aos pasados, tan necesariascomo las alegras son las tristezas para armonizarel destino de nuestra existencia?Hora por hora procuramos huir del dolorque nos sale al paso y se levanta ante nosotroscomo obstculo entorpecedor; al cabode los aos nos parece que algo hubierafaltado en nuestra vida si aquel dolor noshubiera faltado.

Y era cuanto yo quera decir en el dadel triunfo, que yo no llamo definitivo, alautor de Cancin de cuna. Y sabed, miamigo de siempre, que una buena lgrimaque tal vez visteis asomar mis ojos alabrazaros despus del estreno de vuestraobra, vena de ms lejos que de la emocincausada por la obra misma: vena de muchosrecuerdos, de muchas palabras calladas,de aquel vuestro primer libro, deaquella vuestra timidez de nio, y, por quno decirlo?, del orgullo de que, cuandopara muchos se estrenaba en aquella nocheCancin de cuna, para m se haba estrenadohace mucho tiempo.

[8]


Persona respetable y bien enterada measegura que los restos de D. Manuel Bretnde los Herreros, sepultados en el antiguocementerio de San Nicols, caern en lafosa comn en breve plazo si nadie se presenta pagar los gastos de traslacin. Creoque bastar con la noticia, sin lamentacionesni comentarios, para que la Sociedad deAutores, la de Escritores y Artistas, elAteneo, la Academia Espaola, todosjuntos, el primer buen espaol que tengaunas pesetas sobrantes, se apresuren evitaresa... pequea vergenza. Ojal pudieranevitarse tan poca costa otras mayores!La persecucin de mujeres por esas calles,sin ir ms lejos. Cualquier medidaque tomen las autoridades para ello, la msarbitraria, la ms draconiana, ser bien recibida.Hasta la de obligar esos hombresvalientes, insultadores de mujeres, vestirlas faldas-pantalones que tanto les indignan.Si entre las mujeres hubiera verdaderasolidaridad, ellas son las que debierancorrer por esas calles esos varones sin otraapariencia de ello que el traje masculino.Aunque, bien mirado, hay para compade[9]cerlos.Qu mujeres tendr habr tenidoen su casa el que no sabe que toda mujeres tan respetable en la calle para todohombre como si fuera mujer de su propiafamilia? Pero, es claro, hay caballero quese echa la calle, harto de haber insultadocon mil groseras las de casa. Qu nohar con las extraas? El hombre, como elcaracol, lleva siempre su casa cuestas. Elque insulta una mujer en la calle, es quele sobraron insultos de los que acostumbra dirigir su seora. O que devuelve losque su seora le ha dirigido, y no se atrevi contestar, y el pobre hombre no hade quedarse con ellos!


Las modernas indagaciones de la crticaartstica llevan la alegra por barrios. Cuandoun Museo un coleccionista estn msufanos con un Velzquez con un Rafael con un Greco, sale un seor crtico deArte agundoles la fiesta con decirles que,lo que se crey original, es copia, alegrndolesel duelo con la afirmacin con[10]traria.Nadie sabe ya lo que tiene. Es paracreer en todos los cuadros viejos y para nocreer en ninguno.

El Museo del Louvre se ufanaba de poseerla verdadera Gioconda; nosotros mirbamosdespectivamente la de nuestro Museodel Prado. Se volvieron las tornas;durante unos cuantos aos la verdaderaGioconda ser la nuestra. Aunque bien pudieranserlo las dos, y aun no serlo ninguna.Esta Monna Lisa, tan trada y llevadacon el enigma de su sonrisa, quiere, por lovisto, ser enigmtica en todo. Leonardo deVinci era artista minucioso hasta el resobado,y es lo ms probable que las dosGiocondas fueran, en su intencin, estudiosy apuntes para una tercera, que acaso parezcael da menos pensado. Mucha importanciaconceda Leonardo al fondo de susfiguras, y hasta procuraba infundirle algnsimbolismo apropiado. Por esta consideracinms parece la Gioconda definitiva ladel Louvre. Pero tambin pudo ser que,para mayor enigma, le pareciera mejorfondo el fondo indeterminado de la Giocondade Madrid. El demonio de la seo[11]ra!Nada, que se ha propuesto dar que hablarpor los siglos de los siglos. Bien dijosu pintor y presunto enamorado: Bellaforma mortal passa non d'arte. Ya s yocmo resolvera este pleito uno de nuestroschulos castizos; diciendo de una vez.Vaya una ta Gioconda! Slo que, al pronunciarlomal, estara en lo cierto.


La comedia novelada de D. Eugenio Sells,Icara, con satisfacer plenamente en lalectura, deja, no obstante, en nuestro esprituel sinsabor que deja una vida truncadaque nos pareci encaminarse muy otrodestino. No quiere esto decir que la serenidaddel libro convenga menos, para unaobra de serio y noble arte, que el bulliciode los teatros. Obras hay, en forma dramtica,que nada ganaran al afrontar lasluces de la batera: muchas de Byron;los admirables poemas de Browning; algunascomedias, quizs las mejores, deMusset. Pero Icara, no; se advierte, desdeluego, que naci para el teatro, y todo enella pide la expresin vigorosa que slo enla representacin escnica puede lograr laverdadera obra dramtica. Icara se malograen el libro. Y cuando pblico, crtica yempresarios se lamentan de que faltan au[14]toresy obras en consecuencia, qu razoneshay, que la razn no alcanza, para queIcara no haya sido representada? Descontemosla razn de mritos: tiene la obramuy sobrados, literarios y teatrales. Interesanteasunto, de una importancia socialque se sobrepone lo que pudiera parecerde efmera actualidad. En cuanto los papeles,razn suprema muchas veces parala admisin de una obra, nada dejan quedesear al lucimiento de los actores. Atrevimientos?Es el autor de Icara bien probadoseor de la pluma, para temer groserasde pensamientos y de lenguaje en obrasuya. Por qu, entonces, Icara no ha sidorepresentada? No ha muchos das nos ofreciuna esplndida empresa minuciosa estadsticade las obras representadas por sucompaa; todo ello para blasonar, msde un trabajo constante, de una amplitudde criterio que sera laudable si estuviramosseguros de que era sincera. Lo ciertoes que, sin contar las que han dejado deescribirse, en la seguridad de que no hubieransido admitidas por ninguna empresa,acaso las mejores obras dramticas de[15]estos ltimos aos impresas andan sin haberlogrado el favor de ese amplio criterio.Dganlo las tragedias brbaras de Valle-InclnAguila de blasn y Romance de lobos;dgalo Icara; dganlo, del teatro extranjero,las verdaderas obras de arte:unas, traducidas para ser publicadas;otras, no traducidas por no perder el tiempo;mientras las empresas se desviven portraernos cualquier comedieta sin importancia cualquier dramn, al que se haconcedido demasiada. No es que me parezcamal, y cada uno en su casa es muy dueode hacer lo que mejor le parezca y mscrea que le conviene; pero no se pretendadarnos plaza de tontos, hacindonos creer,cuando slo se atiende los legtimos ingresosde la contadura, que se piensa, sobretodo, en los altos intereses del Arte.


El batallador obispo de Jaca, l pelea enMadrid y la dicesis la puerta, se opone,en nombre de la religin cristiana, la cremacinde los cadveres. No sabemos en[16]qu texto sagrado podr fundarse. No ser,ciertamente, en el bblico de la destruccinpor el fuego ay, Teresita! de las ciudadesnefandas Sodoma y Gomorra. Si fuere, pordificultarse con la cremacin, el prodigiofinal de la resurreccin de la carne, graveofensa de la divinidad, nos parece suponerque ha de serle ms difcil resucitarnos deunas pavesas que de un montn de huesos.El que nos hizo de la nada, aun de la nadavolver sacarnos, y, francamente, no valala pena de molestarse.

No era preciso que el seor obispo deJaca tronara desde tan alto contra la cremacin.Sin consideraciones religiosas detanto peso, ya basta contra ella la naturaly humana repugnancia desaparecer demodo tan terminante. Queremos aferrarnos la vida hasta en la muerte; de ah esavanidad de monumentos funerarios, losepitafios rimbombantes, las esculturas queperpeten nuestra forma mortal. Los msdescredos en la imperecedera existenciadel alma creen todava en lo imperecederode la materia al travs de transformaciones;acaso creen que aun han de renacer,[17]con los jugos de la tierra, en la flor, en lamariposa; que su yo, su soberbio yo,ha de existir por siempre, aunque algo desperdigado.Cmo es posible que al morirse anule por siempre tanta grandeza? Perderseas nuestras opiniones polticas, nuestrosentusiasmos artsticos, nuestras preocupacionessociales! Saber que nuestrojuicio particular sobre los ms notablescontemporneos no significar ya nada enla armona universal! Que habremos odoel vals de los besos de El conde de Luxemburgopara no recordarlo en toda una eternidad!Qu significara entonces esta vidanuestra? No es cosa de perder, por unamedida de higiene y de esttica como lacremacin, las posibles transformacionesde nuestro cuerpo miserable. No defraudemos los gusanos. Es tan numerosa lafauna de los sepulcros! Hay libros muy interesantesen que se estudia. Hay gusanosespecialistas de cada parte de nuestro apetitosoindividuo: unos, para el corazn;otros, para roernos los sesos; otros, losms golosos, tienen su cargo, como losdel romance, donde ms pecado haba.[18]Tienen nombres distintos, nombres cientficos,sonoros y expresivos. Oh, es muy curioso!Animalitos! Hermanos gusanos!—comodira San Francisco.—La cremacinsera una estafa para ellos. Dejemos laNaturaleza completar su obra; slo ellaes sabia, slo ella sabe lo que nos conviene.De este modo, las cenizas de Alejandropodran tapar un barril de cerveza, comorazona Hamlet en el cementerio. Pobreprncipe! Aunque al morir slo desea elsilencio, como suprema paz para su espritu,antes haba soado para sus cenizasla posible utilidad de tapar barriles. Todo,menos desaparecer del todo y para siempre.

He aqu por qu la cremacin tiene tanpocos partidarios. Entre una sepultura enla tierra y una pequea urna en poder denuestros allegados... La tierra nos ofrecemayor seguridad. La familia puede queperdiera la urna en una mudanza.


[19]

III

El seor obispo de Jaca es de incesanteactualidad. Los cronistas le deben un homenajede gratitud. Su ltimo grito es unllamamiento las plumas ociosas—no confundirlascon las ociosas plumas; de dormirson stas, y aqullas de no dormirse.—Elseor obispo tiene por lema: A Diosrogando y con la pluma dando. Si en sumano estuviera proponer alguna inusitadaadvocacin, en todas las iglesias de la cristiandadtendra especial culto Nuestra Seorade la Rotativa. Es de agradecer estesingularsimo aprecio las letras periodsticas.Pero ay! en vez de tocar llamada las plumas, no fuera ms pertinente llamar los bolsillos? A qu

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