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Meditaciones del Quijote

Meditaciones del Quijote
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Title: Meditaciones del Quijote
Release Date: 2018-07-05
Type book: Text
Copyright Status: Public domain in the USA.
Date added: 27 March 2019
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MEDITACIONES
DEL QUIJOTE

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MEDITACIONES
POR
JOSÉ ORTEGA Y GASSET

I.Meditaciones del Quijote.—Meditación preliminar.—1. Meditación primera. (Breve tratado de la novela).
 Meditaciones del Quijote.—2. ¿Cómo Miguel de Cervantes solía ver el mundo?—3. El alcionismo de Cervantes.
 
EN PRENSA
II.Azorín: Primores de lo vulgar.
III.Pio Baroja: Anatomía de un alma dispersa.
 
EN PREPARACIÓN
IV.La estética de Myo Cid.
V.Ensayo sobre la limitación.
VI.Nuevas vidas paralelas: Goethe y Lope de Vega.
VII.Meditación de las danzarinas.
VIII.Las postrimerías.
IX.El pensador de Illescas.
X.Paquiro, o de las corridas de toros.

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MEDITACIONES
POR
JOSÉ ORTEGA Y GASSET

MEDITACIONES
DEL   QUIJOTE

MEDITACIÓN PRELIMINAR
MEDITACIÓN      PRIMERA


PUBLICACIONES DE LA RESIDENCIA DE ESTUDIANTES
SERIE II.—VOL. I
MADRID
1914
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Es propiedad.
Queda hecho el depósito que marca la ley.


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Imprenta Clásica Española, Caños, 1 dup.º Teléfono 4430.—Madrid.

 

A
RAMIRO DE MAEZTU
CON UN GESTO FRATERNAL

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Al Índice

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LECTOR...

Bajo el título Meditaciones anuncia este primer volumen unos ensayosde varia lección y no muchas consecuencias, que va a publicar unprofesor de Filosofía in partibus infidelium. Versan unos—como estaserie de Meditaciones del Quijote—, sobre temas de alto rumbo; otrossobre temas más modestos, algunos sobre temas humildes—todos, directa oindirectamente, acaban por referirse a las circunstancias españolas.Estos ensayos son para el autor—como la cátedra, el periódico o lapolítica—, modos diversos de ejercitar una misma actividad, de darsalida a un mismo afecto. No pretendo que esta actividad sea reconocidacomo{14} la más importante en el mundo; me considero ante mí mismojustificado al advertir que es la única de que soy capaz. El afecto quea ella me mueve es el más vivo que encuentro en mi corazón. Resucitandoel lindo nombre que usó Spinoza yo le llamaría amor intellectualis. Setrata, pues, lector, de unos ensayos de amor intelectual.

Carecen por completo de valor informativo; no son tampoco epítomes—sonmás bien lo que un humanista del siglo XVII hubiera denominado«salvaciones». Se busca en ellos lo siguiente: dado un hecho—un hombre,un libro, un cuadro, un paisaje, un error, un dolor—, llevarlo por elcamino más corto a la plenitud de su significado. Colocar las materiasde todo orden, que la vida, en su resaca perenne, arroja a nuestros piescomo restos inhábiles de un naufragio, en postura tal que dé en ellos elsol innumerables reverberaciones.

Hay dentro de toda cosa la indicación{15} de una posible plenitud. Un almaabierta y noble sentirá la ambición de perfeccionarla, de auxiliarlapara que logre esa su plenitud. Esto es amor—el amor a la perfección delo amado.

Es frecuente en los cuadros de Rembrandt que un humilde lienzo blanco ogris, un grosero utensilio de menaje se halle envuelto en una atmósferalumínica e irradiante que otros pintores vierten sólo en torno a lastestas de los santos. Y es como si nos dijera en delicada amonestación:¡Santificadas sean las cosas! ¡Amadlas, amadlas! Cada cosa es un hadaque reviste de miseria y vulgaridad sus tesoros interiores y es unavirgen que ha de ser enamorada para hacerse fecunda.

La «salvación» no equivale a loa ni ditirambo; puede haber en ellafuertes censuras. Lo importante es que el tema sea puesto en relacióninmediata con las corrientes elementales del espíritu, con los motivosclásicos de la humana preocupa{16}ción. Una vez entretejido con ellos quedatransfigurado, transubstanciado, salvado.

Va, en consecuencia, fluyendo bajo la tierra espiritual de estosensayos, riscosa a veces y áspera—con rumor ensordecido, blando, comosi temiera ser oída demasiado claramente—, una doctrina de amor.

Yo sospecho que, merced a causas desconocidas, la morada íntima de losespañoles fué tomada tiempo hace por el odio, que permanece allíartillado, moviendo guerra al mundo. Ahora bien; el odio es un afectoque conduce a la aniquilación de los valores. Cuando odiamos algo,ponemos entre ello y nuestra intimidad un fiero resorte de acero queimpide la fusión, siquiera transitoria, de la cosa con nuestro espíritu.Sólo existe para nosotros aquel punto de ella, donde nuestro resorte deodio se fija; todo lo demás, o nos es desconocido, o lo vamos olvidando,haciéndolo ajeno a nosotros. Cada instante va siendo el objeto menos, vaconsumién{17}dose, perdiendo valor. De esta suerte se ha convertido para elespañol el universo en una cosa rígida, seca, sórdida y desierta. Ycruzan nuestras almas por la vida, haciéndole una agria mueca,suspicaces y fugitivas como largos canes hambrientos. Entre las páginassimbólicas de toda una edad española, habrá siempre que incluir aquellastremendas donde Mateo Alemán dibuja la alegoría del Descontento.

Por el contrario, el amor nos liga a las cosas, aun cuando seapasajeramente. Pregúntese el lector, ¿qué carácter nuevo sobreviene auna cosa cuando se vierte sobre ella la calidad de amada? ¿Qué es lo quesentimos cuando amamos una mujer, cuando amamos la ciencia, cuandoamamos la patria? Y antes que otra nota hallaremos ésta: aquello quedecimos amar se nos presenta como algo imprescindible. Lo amado es, porlo pronto, lo que nos parece imprescindible. ¡Imprescindible! Es{18} decir,que no podemos vivir sin ello, que no podemos admitir una vida dondenosotros existiéramos y lo amado no—que lo consideramos como una partede nosotros mismos. Hay, por consiguiente, en el amor una ampliación dela individualidad que absorbe otras cosas dentro de ésta, que las fundecon nosotros. Tal ligamen y compenetración nos hace internarnosprofundamente en las propiedades de lo amado. Lo vemos entero, se nosrevela en todo su valor. Entonces advertimos que lo amado es, a su vez,parte de otra cosa, que necesita de ella, que está ligado a ella.Imprescindible para lo amado, se hace también imprescindible paranosotros. De este modo va ligando el amor cosa a cosa y todo a nosotros,en firme estructura esencial. Amor es un divino arquitecto que bajó almundo, según Platón, ὥστε τὀ πᾶν αὐτῶ ξυνδέδέσθα—«a fin de que todo enel universo viva en conexión».

La inconexión es el aniquilamiento. El{19} odio que fabrica inconexión, queaisla y desliga, atomiza el orbe y pulveriza la individualidad. En elmito caldeo de Izdubar-Nimrod, viéndose la diosa Ishtar, semi-Juno,semi-Afrodita, desdeñada por éste, amenaza a Anu, dios del cielo, condestruir todo lo creado sin más que suspender un instante las leyes delamor que junta a los seres, sin más que poner un calderón en la sinfoníadel erotismo universal.

Los españoles ofrecemos a la vida un corazón blindado de rencor, y lascosas, rebotando en él, son despedidas cruelmente. Hay en derredornuestro, desde hace siglos, un incesante y progresivo derrumbamiento delos valores.

Pudiéramos decirnos lo que un poeta satírico del siglo XVII dice contraMurtola, autor de un poema Della creatione del mondo.

Il creator di nulla fece il tutto,
Costui del tutto un nulla e in conclusione,
L’un fece il mondo e l’altro l’ha distrutto.
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Yo quisiera proponer en estos ensayos a los lectores más jóvenes que yo,únicos a quienes puedo, sin inmodestia, dirigirme personalmente, queexpulsen de sus ánimos todo hábito de odiosidad y aspiren fuertemente aque el amor vuelva a administrar el universo.

Para intentar esto no hay en mi mano otro medio que presentarlessinceramente el espectáculo de un hombre agitado por el vivo afán decomprender. Entre las varias actividades de amor sólo hay una que puedayo pretender contagiar a los demás: el afán de comprensión. Y habríahenchido todas mis pretensiones si consiguiera tallar en aquella mínimaporción del alma española que se encuentra a mi alcance, algunas facetasnuevas de sensibilidad ideal. Las cosas no nos interesan porque nohallan en nosotros superficies favorables donde refractarse, y esmenester que{21} multipliquemos los haces de nuestro espíritu a fin de quetemas innumerables lleguen a herirle.

Llámase en un diálogo platónico a este afán de comprensión ἐροτιχήμανία, «locura de amor». Pero aunque no fuera la forma originaria, lagénesis y culminación de todo amor un ímpetu de comprender las cosas,creo que es su síntoma forzoso. Yo desconfío del amor de un hombre a suamigo o a su bandera cuando no le veo esforzarse en comprender alenemigo o a la bandera hostil. Y he observado que, por lo menos, anosotros los españoles nos es más fácil enardecernos por un dogma moralque abrir nuestro pecho a las exigencias de la veracidad. De mejor gradoentregamos definitivamente nuestro albedrío a una actitud moral rígidaque mantenemos siempre abierto nuestro juicio, presto en todo momento ala reforma y corrección debidas. Diríase que abrazamos el imperativomoral como un arma{22} para simplificarnos la vida aniquilando porcionesinmensas del orbe. Con aguda mirada ya había Nietzsche descubierto enciertas actitudes morales formas y productos del rencor.

Nada que de éste provenga puede sernos simpático. El rencor es unaemanación de la conciencia de inferioridad. Es la supresión imaginariade quien no podemos con nuestras propias fuerzas realmente suprimir.Lleva en nuestra fantasía aquel por quien sentimos rencor, el aspectolívido de un cadáver; lo hemos matado, aniquilado con la intención. Yluego al hallarlo en la realidad firme y tranquilo, nos parece un muertoindócil, más fuerte que nuestros poderes, cuya existencia significa laburla personificada, el desdén viviente hacia nuestra débil condición.

Una manera más sabia de esta muerte anticipada que da a su enemigo elrencoroso, consiste en dejarse penetrar de un dogma moral, dondealcoholizados por{23} cierta ficción de heroísmo, lleguemos a creer que elenemigo no tiene ni un adarme de razón ni una tilde de derecho. Conocidoy simbólico es el caso de aquella batalla contra los marcomanos en queechó Marco Aurelio por delante de sus soldados los leones del circo. Losenemigos retrocedieron espantados. Pero su caudillo, dando una gran voz,les dijo: «¡No temáis! ¡Son perros romanos!» Aquietados los temerosos serevolvieron en victoriosa embestida. El amor combate también, no vegetaen la paz turbia de los compromisos, pero combate a los leones comoleones y sólo llama perros a los que lo son.

Esta lucha con un enemigo a quien se comprende, es la verdaderatolerancia, la actitud propia de toda alma robusta. ¿Por qué en nuestraraza tan poco frecuente? José de Campos, aquel pensador del siglo XVIII,cuyo libro más interesante ha descubierto Azorín, escribía: «Lasvirtu{24}des de condescendencia son escasas en los pueblos pobres». Esdecir, en los pueblos débiles.

 

Espero que al leer esto nadie derivará la consecuencia de sermeindiferente el ideal moral. Yo no desdeño la moralidad en beneficio deun frívolo jugar con las ideas. Las doctrinas inmoralistas que hastaahora han llegado a mi conocimiento carecen de sentido común. Y a decirverdad, yo no dedico mis esfuerzos a otra cosa que a ver si logro poseerun poco de sentido común.

Pero, en reverencia del ideal moral, es preciso que combatamos susmayores enemigos que son las moralidades perversas. Y en mi entender—yno sólo en el mío—, lo son todas las morales utilitarias. Y no limpia auna moral del vicio utilitario dar un sesgo de rigidez a susprescripciones.{25} Conviene que nos mantengamos en guardia contra larigidez, librea tradicional de las hipocresías. Es falso, es inhumano,es inmoral, filiar en la rigidez los rasgos fisionómicos de la bondad.En fin, no deja de ser utilitaria una moral porque ella no lo sea, si elindividuo que la adopta la maneja utilitariamente para hacerse máscómoda y fácil la existencia.

Todo un linaje de los más soberanos espíritus viene pugnando siglo trassiglo para que purifiquemos nuestro ideal ético, haciéndolo cada vez másdelicado y complejo, más cristalino y más íntimo. Gracias a ellos hemosllegado a no confundir el bien con el material cumplimiento de normaslegales, una vez para siempre adoptadas, sino que, por el contrario,sólo nos parece moral un ánimo que antes de cada nueva acción trata derenovar el contacto inmediato con el valor ético en persona. Decidiendonuestros actos en virtud de recetas dogmáticas intermediarias, no{26} puededescender a ellos el carácter de bondad, exquisito y volátil como el másquintesencial aroma.

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