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Romancero selecto del Cid

Romancero selecto del Cid
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Author: Anonymous
Title: Romancero selecto del Cid
Release Date: 2018-08-06
Type book: Text
Copyright Status: Public domain in the USA.
Date added: 27 March 2019
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Nota de transcripción

Índice

Romancero selecto del Cid


Cubierta del libro

[p. i]

Romancero del Cid


[p. ii]

ES PROPIEDAD


[p. iii]

Romancero Selecto

DEL CID

CON UN PRÓLOGO DE

D. Manuel Milá y Fontanals

Catedrático

de la Universidad de Barcelona, presidente honorario de la Academia de Buenas Letras,
etc., etc.

Filete de adorno

Ilustración de

Werner, Foix, Gómez Soler y Xumetra

Grabados de KAESEBERG y GÓMEZ POLO

Ilustración de adorno

BARCELONA
BIBLIOTECA «ARTE Y LETRAS»
Daniel Cortezo y C.ª, Ausias March, 95

1884


[p. iv]

Logotipo editorial

Establecimiento tipográfico-editorial de Daniel Cortezo y C.ª


[p. v]

Cenefa de adorno

PRÓLOGO


I

L

La historia literarianos señala, como objeto de incomparable nombradía, á los héroes queocupan el primer lugar en las grandes y poco numerosas epopeyas,hijas legítimas del genio de un pueblo. Al retratar el poetavenusino, y por cierto con colores nada halagüeños, el carácterde Aquiles, no encuentra epiteto que mejor le cuadre que el decelebrado (honoratum). Igual calificativo pudiera aplicarse álos dos héroes predilectos de las tradiciones heróicas de Franciay España. «El Cid, dice el docto Puymaigre[1], es tan popular allendelos Pirineos, como aquende lo fué Roldán.» Y, en verdad, si el nombredel paladín francés traspasó inmediatamente los linderos de su tierranatal, y se extendió por dilatadísimas comarcas, los españoles hanrecordado el del héroe de Vivar con sin igual perseverancia, y niun solo día ha dejado de ser proverbial y propuesto como dechado deguerreros y patricios.

Rodrigo ó Rúy Díaz el de Vivar, llamado también el Castellano yel Campeador y más comunmente el Cid (nombre de origen arábigo quesignifica Señor), hijo de Diego Laynez, descendiente del juez deCastilla Laín Calvo, nació en Burgos ó en la próxima aldea de Vivará mediados del siglo XI. Hubo de figurar ya en losúltimos tiempos del primer [p.vi]Fernando. Le armó caballero y le nombró su alférez SanchoII, á quien, después de la batalla de Golpejares, aconsejó el Cid queatacase al victorioso y ya descuidado ejército de su hermano AlfonsoVI de León. Consta que venció en singular batalla á un sarraceno y áun pamplonés. Acaso ya por entonces casó con doña Jimena, hija delconde de Oviedo.

Muerto Sancho por Bellido Dolfos en el cerco de Zamora, docecaballeros, entre los cuales se contaba Rodrigo, exigieron del nuevorey de Castilla Alfonso VI que jurase no haber tenido parte en lamuerte de su hermano. Asistió el Cid algún tiempo en la corte,pero por el recuerdo de la jura ó por otro motivo de desazón ó porhablillas de los envidiosos, fué desterrado al finalizar el año 1081ó poco más tarde.

Fuése Rodrigo á Barcelona y luégo á Zaragoza, donde entró á reinarAl-Mutamin. Sirvió á éste victoriosamente contra su hermano el rey deDenia, favorecido por los soberanos de Aragón y Barcelona. Siguió elCid unido al hijo y sucesor de Al-Mutamin, con cuyo auxilio rechazóá los Almoravides, llamados por Al-Kaadir, rey de Valencia, sitiandodespués esta ciudad. Tres veces se allegó á Alfonso, pero no tardabanen separarse, saliendo la tercera nuevamente desterrado.

Muerto Al-Kaadir y entronizado el traidor Ben-D’yajaf, después devarios incidentes y de haber rechazado la invasión del AlmoravideAbou-Becr, se apoderó el Cid de Valencia (1094). Mostróse alprincipio clemente, pero luégo condenó al fuego á Ben-D’yajaf yotros musulmanes. Alcanzó nuevas victorias, mas derrotado por losalmoravides su pariente y amigo Álvar Fáñez y parte de su propioejército, murió de pesadumbre (1099). Su viuda tuvo que dejar áValencia después de haberse mantenido en ella dos años. Salieronlos cristianos en procesión con el cadáver de Rodrigo, el cual,como también después el de Jimena, fué sepultado en San Pedro deCardeña. Le sobrevivieron sus dos hijas, Cristina, casada con Ramiroinfante de Navarra, y María que lo fué con Berenguer Ramón III deBarcelona.

La historia no nos presenta al Cid como héroe sin mancha: nosiempre se mostró vasallo reverente, y su energía se convirtió áveces en crueldad, su prudencia en astucia; pero atesoró grandescualidades que le valieron la admiración de amigos y enemigosmusulmanes, uno de los cuales le procla[p. vii]mó prodigio del Señor. Sus victorias, deque se aprovechó toda la cristiandad, su vida aventurera y hazañosa ysus prendas personales y domésticas le convirtieron, á no tardar, enhéroe de épicas tradiciones.

Pocos años después de su muerte, si no ya en vida, según opinaBaist, fué el Cid celebrado en un poema latino, y consta que ámediados del siglo XII era ya cantado con el nombre deMio Cid.

Dos son los poemas ó cantares de gesta relativos á este célebrepersonaje histórico que se han conservado. El que versa sobre hechosmás antiguos, publicado en nuestro siglo por Mr. Francisque Michel,ha sido llamado la Crónica Rimada ó el Poema de las mocedades delCid y pudiera llamarse simplemente El Rodrigo, pues tal es elnombre que da constantemente al héroe. Este poema cuenta la historiafabulosa de la juventud de Rodrigo, la cual comprende la muerte dadaá un supuesto conde de Gormaz, injuriador de su padre, su casamientocon Jimena, hija del mismo conde, sus primeras victorias ganadas ácaudillos árabes y la imaginaria expedición á Francia, á donde, segúnse supone, acompañó al rey D. Fernando, para oponerse al tributo queá Castilla exigían los monarcas extranjeros.

El otro cantar, llamado comunmente el Poema del Cid, fuépublicado en el pasado siglo por el Pbro. Don Tomás Sánchez, ypudiera distinguirse de El Rodrigo, apellidándole El mio Cid,pues así denomina al de Vivar. Menos apartado que aquél de larealidad histórica, es, á nuestro ver más antiguo, y nos presentaun héroe, nada muelle ni apocado, pero grave y comedido, sin losimpetuosos arranques atribuídos á sus mocedades. Refiere las hazañasdel Cid después de su último destierro, la toma de Valencia, elcasamiento, sin duda alguna fabuloso, de sus hijas con los infantesde Carrión, la cobardía de éstos y el mal tratamiento que dan á susesposas, las cortes convocadas por Alfonso, la sentencia pronunciadacontra los infantes y los nuevos casamientos de las hijas del Cid conel infante de Aragón (así dice) y el de Navarra.

Fueron narrados también en cantares perdidos, el testamento y lamuerte de don Fernando, el cerco de Zamora, la muerte de don Sancho yla jura de Alfonso.

[p. viii]La Estoriade Espanna ó Crónica general compuesta ó más bien dirigida porAlfonso X, que contiene un gran depósito de relatos históricos ypoéticos de la vida del Cid, ha conservado otras tradiciones, que sinduda no fueron cantadas, tales como la de haber el Cid libertado ádon Sancho en Santarem, y amonestado y corregido al cobarde MartínPeláez en el cerco de Valencia y las del converso Gil Díaz y demásque dan cima á la biografía del héroe.

Leves rastros de alguna otra tradición se perciben en la Crónicaparticular del Cid, que por el intermedio de la de Castillaredactada en tiempo de Alfonso XI, proviene, según observó un ilustrecrítico, de la obra histórica del Rey Sabio[2].

II

En la época de la formación de los romances, llegó elCid á ser el héroe predilecto de estas composiciones populares quetanto valimiento alcanzaron. Fué además el único de cuyos romances sepublicó una colección especial, empresa llevada á cabo por Escobar ensu Romancero é Historia del muy valeroso caballero el Cid, Rúy Díazde Vivar, impreso por primera vez en 1612 en Alcalá. Esta coleccióncomprende 102 romances, algunos de los cuales tomó Escobar delCancionero publicado en Amberes, primero sin fecha y por segundavez en 1550, otros de los compuestos ó publicados por Sepúlveda yTimoneda, y, finalmente, y en mayor número, del Romancero general,añadiendo algunos que, como los últimos, pertenecen al género deromances nuevos ó artísticos. La colección de Escobar ha sido impresaen España á lo menos diez y ocho veces, y no pudo eclipsarla, antesbien quedó poco menos que desconocida la publicada en 1626 enBarcelona por Francisco Metje con el título de Tesoro escondidode todos los más famosos romances así antiguos como modernos delCid... con romances de los siete infantes de Lara[3].

Los romances del Cid (y en esto no fueron únicos) inspiraroncomposiciones dramáticas, siendo sin duda las primeras las dos tanfamosas de Guillén de Castro. Á éste siguió Pedro Corneille envarias escenas de su celebérrima tragedia del[p. ix] Cid, si bien al defender el carácterque había atribuído á Jimena, adujo la autoridad, no del dramáticoespañol, sino la de dos romances. La obra de Corneille fué elprincipal origen de la fama del Cid fuera de España. En la llamadaBibliothèque universelle des Romans (2.º volumen del mes de Juliode 1783) se publicó una versión bastante libre (por Couchut?) devarios romances del héroe de Vivar. Esta traducción fué puestatambién libremente en lengua alemana por el famoso Herder cuyo librose divulgó en gran manera entre sus compatricios. Han dado éstos, sinembargo, más fieles traducciones y publicado de nuevo los originalesJ. (Julius) con un prólogo castellano y una biografía del héroe porMüller, Keller que aumentó á Escobar y Carolina Michaelis que hareunido 205 romances.

Todos los comprendidos en la colección selecta que damos áluz se leen en el incomparable Romancero general de Durán áexcepción del Yo me estando en Valencia y del Junto al muro deZamora que descubrieron Wolf y Hofmann en el segundo tomo de laSilva de romances de Zaragoza, publicándolo en su Primavera yFlor de romances, y del Banderas antiguas tristes que provienedel Tesoro de Metje y ha publicado Köhler en su Herder’sCid con variantes del Jardín de amadores[4]. Nuestra elección noha seguido exclusivamente un criterio estético. Hemos procurado enespecial dar al lector una narración seguida, evitando, con algunaexcepción casi necesaria, la repetición de un mismo hecho. Entre dosromances de igual asunto, no siempre hemos preferido el más antiguo,como hubiéramos hecho en una colección de índole científica, sino elmás satisfactorio en su género. Al que nos tildase de haber omitidoalguno de los viejos y admitido un gran número de los artísticos,contestaríamos además que varios de los últimos han adquirido grancelebridad y se echarían de menos en un Romancero del Cid, y quealgo se ha de atender, en una publicación como la presente, al gustodel mayor número de lectores.

Pertenecen á la clase de los llamados primitivos y que conmás ó menos rigor son acreedores á este título los: 6, CavalgaDiego Laínez; 7, Día era de los Reyes; 17, Por el val de lasEstacas; 19, Á concilio dentro en Roma; 25, Doliente se sienteel rey; 26, Morir vos queredes, Padre; 27, Rey don Sancho,[p. x] rey don Sancho; 31,Apenas era el rey muerto; 32, Afuera, afuera, Rodrigo; 33,Riberas del Duero arriba; 34, Junto al muro de Zamora; 35,Guarte, guarte, rey don Sancho; 36, De Zamora sale D’Olfos; 39,Ya cabalga Diego Ordóñez; 43, Tristes van los zamoranos; 45, Poraquel postigo viejo; 46, En Santa Águeda de Burgos; 76, Helo,helo por do viene; 83, Por Guadalquivir arriba; 84, Tres cortesarmara

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