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Los entremeses

Los entremeses
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Title: Los entremeses
Release Date: 2018-09-23
Type book: Text
Copyright Status: Public domain in the USA.
Date added: 27 March 2019
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Cubierta del libro

[p. i]

ENTREMESES.


[p. iii]

GASPAR Y ROIG EDITORES.


LOS

ENTREMESES

DE

MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA.

ILUSTRADOS CON PRECIOSAS VIÑETAS.

Ilustración de adorno

MADRID:

IMPRENTA DE GASPAR Y ROIG,

PRÍNCIPE, 4.

1868.


[p. v]

PRÓLOGO.


Entre las diversas obras que debemos al príncipe de losingenios españoles, ninguna mas desconocida ni mas digna deconocerse que la preciosa coleccion de Entremeses que ofrecemosal público en la presente esmerada edicion manual, con objeto deque logren la misma popularidad que ha alcanzado el resto de susobras. En éstas verán los lectores como la prodigiosa versatilidaddel genio de Cervantes, le adaptaba para concebir y desarrollarlos argumentos mas grandiosos y los mas sencillos, y si hemosde decir lo que sentimos, nos atreveriamos á asegurar que fueradel Quijote, en los Entremeses es donde Cervantes aparece mascervántico, si es permitido emplear esta espresion. En estoscuadros goyescos, formados á ligeras pinceladas, parecia estar ensu verdadero elemento, y correr sin estorbo el raudal inagotable desu vena cómica. En todo lo que era pintura de caracteres exagerados,grotes[p. vi]cos yridículos, Cervantes no tenia rival, y como éstos sean los verdaderosmateriales y elementos de los Entremeses ó composiciones que hoyconocemos con el nombre de Sainetes, nadie vacilará en reconocerlasy disputarlas por unas de las mas espontáneas y genuinas muestras delpeculiar talento de Cervantes.

Entre los once entremeses que la coleccion comprende, los haytales como La Cárcel de Sevilla, El Vizcaino Fingido, El RufianViudo, que parecen paño de la misma tela de que se cortaron losaplaudidos cuadros de Rinconete y Cortadillo, La Tia Fingiday El Casamiento Engañoso. En punto á crítica de preocupacionesgeneralizadas en la humana especie, resalta entre todos, y tienemas de un punto de contacto con el pensamiento que presidió á laconfeccion de la aventura del Clavileño, el gracioso entremesintitulado: El Retablo de las Maravillas. Son dos joyas deinestimable valor, El Viejo Celoso, repeticion con cortas variantesdel argumento de El Celoso Estremeño, con la diferencia de acabaren música y alegría lo que en la novela tiene un fin conmovedor ytrágico; y La Cueva de Salamanca, en que insiste asimismo en lapintura de viejos maridos burlados por esposas jóvenes y casquivanas.El que lleva por título El Juez de los Divorcios, carece deargumento propiamente dicho, y sin embargo tiene embebido y con larisa en los labios al lector, merced á esa retahila de narraciones enque casados mal avenidos sacan á la colada lo que otros mas discretossuelen lavar en casa.

Como burla y descripcion exacta de alcaldes de monte[p. vii]rilla, con quienespor su desgracia tuvo que habérselas Cervantes en sus muchasperegrinaciones por los lugares y aldeas de España, es cuadroinimitable el entremes llamado La Eleccion de los Alcaldes.Quien quiera un modelo de diálogo chispeante y gracioso, seguro quecolmará la medida de su deseo leyendo el de La Guarda Cuidadosa,que con decir que sus actores tienen de soldado y de semi-bachillery semi-sacristan, basta para que saliese bien manejado el asunto enmanos de Cervantes. El Hospital de los Podridos, se le ahija sinotra razon que la de parecer bueno, y por suyo pasa mientras nadievaya ni venga contra tal decision; pero no se dirá lo mismo de laimponderable y nunca bastantemente bien alabada pintura de la comezonde charlar, hecha con todo el desenfado cervantino en el entremesde Los Habladores.

En resúmen, todos ellos son dignos de su pluma, y van salpicadosde salsas de modismos, pimienta de frases y salmorejo de locucionesgraciosas, que podrán entrar como de auxilio y refresco en el yaagotado y seco campo de nuestro lenguaje, falto de aquella frescuray vigor cómicos que alcanzó en los tiempos de Rueda y de Cervantes.Aunque fue como el creador de esta clase de composiciones, enél llegaron al colmo de la perfeccion. Finalmente, compuestos áprincipios del siglo XVII, su lectura es hoy dia tan interesantecomo si para nosotros se hubieran hecho y sacado de la sociedad quenos rodea: lo cual prueba, y en esto consiste su mérito principal,que no hay asunto, por trivial que parezca, que no tome cuerpo ycobre importancia y elevacion en las manos del[p. viii] verdadero genio, pues él sabiadepositar en el mas sencillo, algo de aquel fondo de interésuniversal y humano, que le hará sobrenadar en la corriente de lossiglos. El público juzgará. Por nuestra parte, hemos procurado tomarpor modelo la edicion mas correcta, y al frente de cada uno de ellos,hemos puesto una viñetita ilustrando respectivamente sus escenasprincipales.


[p. 1]

Ilustración

ENTREMES
DEL JUEZ DE LOS DIVORCIOS.


Sale el Juez y otros dos con él, que sonEscribano y Procurador, y siéntase en una silla. Salen el Vejete yMariana, su mujer.

MARIANA.

Aun bien que está ya el señor juez de los divorcios sentado en lasilla de su audiencia: de esta vez tengo de quedar dentro, ó fuera:de esta vegada tengo de quedar libre de pedido y alcabala, como elgavilan.

VEJETE.

Por amor de Dios, Mariana, que no almodonees[1] tanto tu negocio:habla paso, por la pasión que Dios pasó:[p. 2] mira que tienes atronada á toda la vecindadcon tus gritos; y pues tienes delante al señor juez, con menos vocesle puedes informar de tu justicia.

JUEZ.

¿Qué pendencia traeis, buena gente?

MARIANA.

Señor, divorcio, divorcio, y mas divorcio, y otras mil vecesdivorcio.

JUEZ.

¿De quién, ó por qué, señora?

MARIANA.

¿De quién? de este viejo, que está presente.

JUEZ.

¿Por qué?

MARIANA.

Porque no puedo sufrir sus impertinencias, ni estar continuoatenta á curar todas sus enfermedades, que son sin número; y nome criaron á mí mis padres para ser hospitalera, ni enfermera:muy buen dote llevé al poder de esta espuerta de huesos, que metiene consumidos los dias de la vida: cuando entré en su poder merelumbraba la cara como un espejo, y agora la tengo con una vara defrisa[2]encima. Vuesa merced, señor juez, me descase, si no quiere que meahorque: mire, mire los surcos que tengo por este rostro, de laslágrimas que derramo cada dia, por verme casada con esta anatomía.

JUEZ.

No lloreis, señora: bajad la voz y enjugad las lágrimas, que yo osharé justicia.

MARIANA.

Déjeme vuesa merced llorar, que con esto descanso. En losreinos y en las repúblicas bien ordenadas habia de ser limitado eltiempo de los matrimonios; y de tres en tres[p. 3] años se habian de deshacer, ó confirmarsede nuevo, como cosas de arrendamiento; y no que hayan de durar todala vida, con perpétuo dolor de entrambas partes.

JUEZ.

Si ese arbitrio se pudiera ó debiera poner en práctica, y pordineros, ya se hubiera hecho; pero especificad mas, señora, lasocasiones que os mueven á pedir divorcio.

MARIANA.

El invierno de mi marido, y la primavera de mi edad: el quitarmeel sueño, por levantarme á media noche á calentar paños y saquillosde salvado para ponerle en la ijada, el ponerle ora aquesta, oraaquella ligadura, que ligado le vea yo á un palo por justicia: elcuidado que tengo de ponerle de noche alta la cabecera de la cama,jarabes, lenitivos, porque no se ahogue del pecho; y el estarobligada á sufrirle el mal olor de la boca, que le huele mal á trestiros de arcabuz.

ESCRIBANO.

Debe de ser de alguna muela podrida.

VEJETE.

No puede ser, porque lleve el diablo la muela ni diente que tengoen toda ella.

PROCURADOR.

Pues ley hay, que dice, segun he oido decir, que por solo el malolor de la boca se puede descasar la mujer del marido, y el marido dela mujer.

VEJETE.

En verdad, señores, que el mal aliento, que ella dice que tengo,no se engendra de mis podridas muelas, pues no las tengo, ni menosprocede de mi estómago, que está sanísimo, sino de esa mala intencionde su pecho. Mal conocen vuestras mercedes á esta señora; puesá fe que si la conociesen, que la ayunarian, ó la santiguarian.Veintidos años há que vivo con ella mártir, sin haber sido jamásconfesor de sus insolencias, de sus voces, y[p. 4] de sus fantasías; y ya va para dos añosque cada dia me va dando vaivenes y empujones hacia la sepultura, ácuyas voces me tiene medio sordo, y á puro reñir sin juicio. Si mecura, como ella dice, cúrame á regañadientes, habiendo de ser suavela mano y la condicion del médico. En resolucion, señores, yo soy elque muero en su poder; y ella es la que vive en el mio, porque esseñora, con mero, misto imperio[3], de la hacienda que tengo.

MARIANA.

¿Hacienda vuestra? ¿y qué hacienda teneis vos, que no la hayaisganado con la que llevastes en mi dote? Y son mios la mitad de losbienes gananciales, mal que os pese; y de ellos y de la dote, si memuriese agora, no os dejaria valor de un maravedí, porque veais elamor que os tengo.

JUEZ.

Decid, señor: ¿cuándo entrastes en poder de vuestra mujer, noentrastes gallardo, sano, y bien acondicionado?

VEJETE.

Ya he dicho que há veintidos años que entré en su poder, comoquien entra en el de un cómitre calabrés á remar en galeras depor fuerza, y entré tan sano, que podia decir y hacer, comoquien juega á las pintas[4].

MARIANA.

Cedacico nuevo, tres dias en estaca[5].

[p. 5]JUEZ.

Callad, callad, nora en tal mujer[6] de bien; y andad conDios, que yo no hallo causa para descasaros; y pues comísteis lasmaduras, gustad de las duras[7]: que no está obligado ningun marido á tenerla velocidad y corrida del tiempo que no pase por su puerta y por susdias; y descontad los malos que ahora os da, con los buenos que osdió cuando pudo; y no repliqueis mas palabra.

VEJETE.

Si fuese posible, recibiria gran merced que vuestra merced me lahiciese de despenarme, alzándome esta carcelería; porque dejándomeasi, habiendo ya llegado á este rompimiento, será de nuevo entregarmeal verdugo que me martirice; y si no hagamos una cosa: enciérreseella en un monasterio, y yo en otro: partamos la hacienda; y de estasuerte podremos vivir en paz y en servicio de Dios lo que nos quedade la vida.

MARIANA.

¡Malos años! Bonica soy yo para estar encerrada: no sino llegaosá la niña, que es amiga de redes, de tornos, rejas y escuchas:encerraos vos, que lo podreis llevar y sufrir, que ni teneis ojoscon que ver, ni oidos con que oir, ni pies con que andar, ni manoscon que tocar: que yo que estoy sana, y con todos mis cinco sentidoscabales y vivos, quiero usar de ellos á la descubierta, y no porbrújula, como quínola dudosa[8].

ESCRIBANO.

Libre es la mujer.

[p.6]PROCURADOR.

Y prudente el marido; pero no puede mas.

JUEZ.

Pues yo no puedo hacer este divorcio, quia nullam inveniocausam.

Entra un Soldado bien aderezado, y su mujer doñaGuiomar.

GUIOMAR.

Bendito sea Dios, que se me ha cumplido el deseo que tenia deverme ante la presencia de vuestra merced, á quien suplico, cuanencarecidamente puedo, sea servido de descasarme de éste.

JUEZ.

¿Qué cosa es de éste? ¿No tiene otro nombre? Bien fuera quedijérades siquiera, de este hombre.

GUIOMAR.

Si él fuera hombre, no procurara yo descasarme.

JUEZ.

¿Pues qué es?

GUIOMAR.

Un leño.

SOLDADO.

Por Dios que he de ser leño en callar y en sufrir; quizá con nodefenderme, ni contradecir á esta mujer, el juez se inclinará ácondenarme; y pensando que me castiga, me sacará

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