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Granada, Poema Oriental, precedido de la Leyenda de al-Hamar, Tomo 2

Granada, Poema Oriental, precedido de la Leyenda de al-Hamar, Tomo 2
Title: Granada, Poema Oriental, precedido de la Leyenda de al-Hamar, Tomo 2
Release Date: 2018-11-11
Type book: Text
Copyright Status: Public domain in the USA.
Date added: 27 March 2019
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La portada fue diseada por el transcriptor y se considera dominio pblico.


GRANADA
POEMA ORIENTAL

PRECEDIDO DE LA
LEYENDA DE AL-HAMAR

POR
DON JOS ZORRILLA

TOMO SEGUNDO
NUEVA EDICIN

MADRID
IMPRENTA Y LITOGRAFA DE LOS HURFANOS
Juan Bravo, 5.—Telfono 2.198.
1895


[5]

INVOCACIN

Dixit autem Dominus: si habueritisfidem, sicut granum sinapis,dicetis huic arbori moro: Eradicare,et transplantare in mare:et obediet vobis.

Evang. seg. Luc., cap. xvii

Fe, de toda virtud inspiradora,
Manantial del valor y el herosmo,
Del tiempo y de la muerte vencedora,
Espanto de los genios del abismo,
El sr en quien tu fuego se atesora
Lleva el poder de Dios consigo mismo:
Los prodigios, las glorias, las hazaas,
Herencia son de los que t acompaas.
[6]Nada en el mundo tu poder resiste;
la luz de tu antorcha luminosa
El Edn los mrtires abriste:
De Oriente la regin caliginosa
Las legiones de Cristo condujiste,
Y, travs de la mar tempestosa
Alumbrando su espritu profundo,
Descubriste Coln un nuevo mundo.
Nada hay grande sin ti, nada completo;
Desde Nembrod Napolen, tu esencia
Del genio ha sido el talismn secreto:
Nadie logr sin ti grande existencia,
Ni fu grande sin ti ningn objeto:
Polvo fu cuanto fu sin tu asistencia:
De la fuerza de Dios tu fuerza viene
Y en tus hombros el orbe se sostiene.
Tu soplo es impetuoso torbellino
Que, al alma ardiente quien su impulso lleva,
Hasta la eternidad abre camino
Y sobre el polvo terrenal la eleva.
Del fuego santo manantial divino
Que en el fuego de Dios sus fuentes ceba,
T das irresistible atrevimiento
sr quien inflamas con tu aliento.
[7]Para ese son efmeras empresas
Las ms peligrossimas hazaas:
Dispanse su voz como pavesas
Las torres, las ciudades, las montaas:
Las marcas de su pie conserva impresas
La tierra para siempre, y sus entraas
Cobran fecundidad bajo su paso,
Y un reino brotan donde haba un raso.
Alma del universo, cuanto existe
Con tu poder se crea y robustece:
Cuanto tu influjo creador resiste,
Como leve vapor desaparece:
la nacin do tu favor no asiste
Sorbe otra quien tu mano favorece:
Y as es como del tiempo en los misterios
Pasan unos sobre otros los imperios.
Desdichada nacin la que te olvida!
Su esencia mina la carcoma lenta,
Y no siente que se hunde carcomida
La dbil base que su pie sustenta;
Otra nacin que aguarda su cada
La empuja al fin y en su lugar se asienta:
Y as Castilla, por su fe amparada,
Pas como un turbin sobre Granada.
[8]Dame oh potente fe! tu auxilio santo:
T por quien pudo rescatar Espaa
La ilustre Reina cuya gloria canto,
Dame su fe para ensalzar su hazaa:
Y, el himno rudo que en su honor levanto
Al entonar, mi espritu acompaa,
Porque me escuche en la celeste esfera
La augusta sombra de Isabel primera.

[9]

LIBRO CUARTO

AZAEL

I

Zahara cay: sus tristes moradores
Vctimas van de tan fatal jornada
Esclavos de los Moros vencedores,
De ganado rin como manada.
Muley envi delante corredores
De su victoria nuncios Granada,
Y, con victoria tal alegre y fiera,
Al vencedor Hasn Granada espera.
[10]Preparan las familias principales,
los guerreros y sangrientos fines
Del anciano monarca ms parciales,
Zambras, saraos, himnos y festines,
Unas en sus salones orientales,
Otras en sus balsmicos jardines:
Prodigando sin duelo sus tesoros
Para ensalzar el triunfo de los Moros.
Los cads su vez tienen dispuestas
De fuegos, de pandorgas y de caas,
De sortija, de toros y de apuestas,
De bohordos, de gallos y cucaas,
Para la plebe revoltosa fiestas
Cual nunca alegres, como nunca extraas:
Porque deje tal triunfo en su memoria
Largo recuerdo de placer y gloria.
Engalanan los altos miradores
Lujosas colgaduras y doseles,
Flotantes plumas, enredadas flores,
Lazos de palmas, arcos de laureles,
Damascos de vivsimos colores,
Tapices festonados de caireles,
Y ocupan ajimeces y ventanas
Nobles, jeques, wales y sultanas.
[11]Viejos, mancebos, nios y mujeres
Abandonan curiosos sus hogares:
Dejan los artesanos sus talleres,
Olvidan los sederos sus telares,
Cierran su mostrador los mercaderes,
Los armeros sus fraguas: los lugares
Vecinos se despueblan, y doquiera
Bulle la muchedumbre novelera.
Corren plazas y calles taedores
De sonajas, adufes y panderos,
Rawes de romances narradores
Al comps de la guzla, cuadrilleros
De diversas comparsas conductores
Y parejas de enanos, y gaiteros
De Marruecos y Fez, cuyos cantares
Recuerdan del desierto los aduares.
Circulan por doquier profusamente
Roscones de Jan, tortas de Alhama,
El alhaj de Ronda, largamente
Saturado de especias, quien llama
El mostillo su hermano, y el caliente
Buuelo hinchado que la sed inflama:
Y, pese al libro del Korn divino,
Templa la sed el malagueo vino.
[12]En la jornada de tan fausto da
De fiesta real y universal holganza,
La ley la licencia da franqua
Y destierra el placer la templanza:
Y la plebe, sin coto en su alegra,
Canta ruidosa, descompuesta danza:
Pues nada hay que desdore avergence
Al celebrar sus triunfos quien vence.
Es ley universal. Ay del vencido!
Cantad, pues, oh triunfantes Africanos!
Ignominia y baldn para el rendido!
Mengua y esclavitud los Cristianos!
Mas no olvidis que encomendada ha sido
De la venganza las sangrientas manos
La ley de los vencidos inhumana.
Ay de vosotros si lo sois maana!
Gloria Muley! La multitud que llena
Las torres y alminares ve lo lejos,
travs de la atmsfera serena,
De las moriscas armas los reflejos.
Un grito inmenso de placer resuena
Con nueva tal: mujeres, nios, viejos,
Se agolpan las puertas de la Vega
recibir al Rey que en triunfo llega.
[13]Ya avanzando en hileras ondulantes
Se ven los ordenados escuadrones:
Parecen con el sol cintas brillantes
Las filas de los rabes peones:
Sobre el blanco montn de sus turbantes
Tremolan sus enseas y pendones,
Y desgarran la atmsfera sonoros
Los atabales y clarines moros.
He all Muley Abul-Hasn. Su frente
Sombrean los flotantes lambrequines
De su penacho real: cuelga esplendente
Su escudo del arzn: y, hasta las crines
Embarrado, el caballo bufa ardiente
Y piafa, conociendo los confines
De los cotos rales y la dehesa
Donde, potro, paci la hierba espesa.
Alah akbar! Loor al Rey valiente!
Grit la multitud al divisarle,
Y aglomerse atropelladamente
Bajo su estribo mismo vitorearle:
Mas la mano de Dios omnipotente
Que hasta este da se dign ampararle
Le retir su auxilio, y en su seno
Del infortunio derram el veneno.
[14]Tornse contra l cuanto en pro era:
Cambise en vencimiento su victoria,
Su popularidad en pasajera
Fama de un da, y en baldn su gloria.
La muchedumbre, en su verdad entera
Al leer de Zahara la sangrienta historia,
Retrocedi, por Dios iluminada,
El porvenir leyendo de Granada.
Con repugnante ostentacin impa,
Un gigantesco negro de Baeza,
Del pelo asida, junto al Rey traa
Del buen Arias la lvida cabeza.
Un escuadrn entero le segua,
En cuyas lanzas con brutal fiereza
Se ostentaba sangriento igual trofeo,
Medroso al alma y la vista feo.
En medio de los rabes soldados
Y los Gomeles negros, lastimeros
Suspiros arrancaban despechados
Los cautivos Cristianos, por sus fieros
Vencedores heridos y arrastrados
En confuso tropel como carneros:
Y marchar morir les obligaban,
Y dichosos al fin los que expiraban.
[15]Las fuerzas de los viejos no bastando
soportar ultrajes tan creles,
Al Dios de las venganzas invocando
Caan los pies de los corceles:
Sin compasin sobre ellos, espoleando
Sus caballos, pasaban los Gomeles,
Apresurando su postrer instante
La aguda lanza y yatagn cortante.
Traan muchas madres en los brazos
Los hijos muertos, y ocultar queran
Su fin bajo los srdidos retazos
De los rotos harapos que vestan,
Pues sus tiernos cadveres pedazos
Los guardias negros de Muley hacan,
Y con horror de los maternos ojos
Quedaban insepultos sus despojos.
La mora multitud, aunque villana
Civilizada, compasin movida,
Del Rey maldijo la impiedad tirana y
En odio la alegra convertida.
Circund la feroz guardia africana
Con agresivo impulso, y, encendida
La furia popular, por un instante
El paso barre del Rey triunfante.
[16]Arrebatando las mujeres moras
Sus hijos los mseros cautivos,
Ddnosles, los dijeron: sus seoras
Os les tendrn esclavos, pero vivos.
Comenzaron cien manos vengadoras
De las bridas asirse y los estribos,
Y brillar comenzaron los puales
Debajo de los jaiques y almaizales.
cundir comenz la infausta nueva
Entre las turbas y crecer la ira:
Doquier la multitud, que se renueva
Y que sus fuerzas acrecienta, gira
Del Rey en torno, quien sus olas prueba
Con su caballo hender y torvo mira
Venir la tempestad y acrecentarse
El popular furor, pronto inflamarse.
Sus feroces Gomeles, que le vieron
Afirmarse en la silla, adivinaron
Su resuelta intencin: se rehicieron,
Y sostenerle fieles se aprestaron.
Adelante! grit: tras l vinieron
alinearse y las lanzas enristraron.
Se abri la plebe: y, rota ya la valla,
Dijo Hasn: Dispersad esa canalla.
[17]La multitud, compuesta de artesanos
Inermes, de mujeres sin defensa,
De cobardes ociosos y de ancianos,
Tan dbil impotente como densa,
Se abri ante los jinetes africanos,
Retrocediendo en oleada inmensa
Como el crculo que abre el haz del ro
Ante la quilla corva del navo.
Turba que ceja un pie, fuerza vencida.
La hueste de Muley sigui adelante
Y en la ciudad entr; mas, convertida
La alegra en terror, fu con semblante
Sombro y en silencio recibida
Por el vulgo, medroso inconstante:
Y Hasn, seguido de sus negros fieles,
Subi al trote la cuesta de Gomeles.
Deshzose del pueblo; mas siguile
Hasta el recinto real su descontento,
Y par con l su indignacin mostrle
De modo asaz visible el firmamento.
Repentino nublado encapotle,
Se negreci su azul, rebram el viento,
Con la fortuna de Muley en guerra
Declarndose un tiempo cielo y tierra.
[18]En la Alhambra ral los cortesanos
Le vitorearon al llegar; empero
Ay del Rey quien guardan los villanos
Odio temor! Apenas el postrero
De los temidos guardias africanos
Transpuso el Bib-Leujar, el pueblo entero
Rompi en inmenso sedicioso grito
Que en el espacio azul vibr infinito.
Aparecieron por doquier audaces
Cabezas de motn: gestos feroces
Que revelaban nimos capaces
De realizar los planes ms atroces.
Santones venerados y sagaces
Dervichs alzaron por doquier sus voces:
Y el populacho, en grupos dividido,
Di sus discursos por doquier odo.
Y he aqu que, en el centro de la plaza,
Se alz sobre las turbas de repente
Viejo santn de venerable traza,
Famoso asaz entre la mora gente.
Era el severo Aly-Mazer, de raza
Noble, de vida austera y penitente,
Quien por causas recnditas y extraas
Retirado viva en las montaas.
[19]Hombre quien solamente se
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