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Recuerdos de mi vida (tomo 1 de 2)

Recuerdos de mi vida (tomo 1 de 2)
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Title: Recuerdos de mi vida (tomo 1 de 2)
Release Date: 2018-11-24
Type book: Text
Copyright Status: Public domain in the USA.
Date added: 27 March 2019
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Cubierta del libro

[p. i]

S. RAMÓN Y CAJAL

Recuerdos

de mi vida

 


2.ª EDICIÓN


(OBRA ILUSTRADA CON NUMEROSOS FOTOGRABADOS)

TOMO I

MI INFANCIA Y JUVENTUD

Filete ornamental

MADRID

IMPRENTA Y LIBRERÍA DE NICOLÁS MOYA

Garcilaso, 6, y Carretas, 8.

1917



[p. iii]

Friso ornamental

ADVERTENCIA AL LECTOR


Allá por los años de 1896 a 1900 se puso en modael género de la autobiografía. Varios ingenios, en su mayoríapertenecientes a los gremios militar, político y literario, dieron laseñal redactando interesantes y amenos Recuerdos, que serán de seguroconsultados con fruto por los actuales y futuros historiadores.

Yo fuí entonces un caso de contagio de la general epidemia. Paracomplacer a algunos amigos que deseaban saber en qué condicionesse desarrolló mi modesta actividad científica, resolví escribir lahistoria de una vida vulgar, tan pobre de peripecias atrayentes comofértil en desilusiones y contrariedades.

Además de aportar el consabido documento humano, me proponíaofrecer al público un caso de psicología individual y cierta críticarazonada de nuestro régimen docente. En el Prólogo advertencia, queprecedía al primer tomo, decíamos con leves variantes:

«Contendrá este libro, más que narración de actos, exposición desentimientos e ideas. En él se reflejará sintéticamente la serie delas reacciones mentales, provocadas en el autor por el choque de larealidad del mundo y de los hombres.

[p. iv]»Enseñan Taine(entonces Taine estaba a la moda) y otros modernos críticos, que elhombre es función del medio físico y moral que le rodea. Referir lasideas que le guiaron y los afectos que le movieron, es tanto comomostrar los efectos casi necesarios del ambiente, las causas mecánicasde la obra realizada; pero es también, y muy señaladamente, poner enevidencia los gérmenes de error, de atraso o de progreso existentesen el medio social; es señalar los vicios de la enseñanza y de laeducación; y es, en fin, por lo que toca a nuestro caso particular,marcar los obstáculos contra los cuales se estrella a menudo lajuventud cuando, a impulsos de generosa ambición, pretende, en lamodesta esfera de sus aptitudes, colaborar en la magna y redentoraempresa de la cultura patria.

»Tal es la justificación de la presente obrilla. Ahí está también,según yo pienso, el único y menguado interés que mi autobiografíapuede inspirar a aquellas personas sinceramente preocupadas del arduoproblema de la educación nacional.

»No busque, pues, aquí el lector aventuras estupendas, narracionespintorescas, ni arranques pasionales. Quien sienta, como el toro,atracción por lo rojo, debe leer vidas de caudillos, historias dehéroes.

»Una vida de aventuras implica exceso y variación continua de laacción y de su escenario, al revés de lo que reclama la labor delespíritu, que a imitación de la naturaleza sólo puede producir en lacalma, el silencio y la obscuridad.

»Pero una vida, por sencilla que sea, es un haz complejísimo deideas, de sentimientos y de sucesos, frecuentemente contradictorios eilógicos, solamente enlazados y armonizados por la continuidad de unaconciencia personal.[p. v]Imposible será, pues, sin faltar a la sinceridad o sin trazar un cuadroincompleto y excesivamente objetivo, dejar de reflejar en un escrito deeste género los diversos y sucesivos estados mentales del autor acercade sus convicciones o sus dudas en materias religiosas, filosóficas,científicas y hasta sociológicas y artísticas...

»Si algún psicólogo o educador se toma la molestia de recorrer estaspáginas, podrá ver en ellas un caso típico de educación romántica;siendo de notar la curiosa circunstancia de que semejante educaciónfué muy principalmente obra personal y tuvo la significación de unareacción compensadora excesiva contra los gustos y cultura, hartoutilitarios y positivistas, que padres y maestros quisieron imponer alautor.

»Cumplióse en mí cierto principio de mecánica moral que podríallamarse ley de la inversión de los efectos. Esta ley, que padres ymaestros debieran tener muy presente para no extremar ciertas tesis niimponer con celo exagerado determinados gustos e inclinaciones (conlo que se evitarían resultados contraproducentes), explica cómo lasvoluntades más indisciplinadas y los revolucionarios más radicales hansalido tan a menudo del seno de las corporaciones religiosas.

»Desde otro punto de vista, una biografía sincera, aun referente apersona tan vulgar e indigna de los honores de la historia como yo,encierra algún interés para el pensador. La vida es, ante todo, lucha.La inteligencia se adapta a las cosas, pero éstas se adaptan también ala inteligencia. La teoría del medio moral no lo explica todo; en elresultado final de la educación entra por mucho el carácter individual,es decir, la energía específica traída del fondo histórico de laraza. Es para nosotros indudable que el hombre nace con un cerebrocasi siempre algo original en[p.vi] su organización, porque la naturaleza, preocupada ante tododel progreso de la especie, cuida de no repetirse demasiado; y así, acada generación cambia sus tipos, desarrollando en ellos inclinacionesdiferentes. Mas el medio social, gran demagogo de la vida, propende,en virtud de cierta contrapresión deformante, a uniformarnos,achicándonos o elevándonos según la energía mental nativa, con la mirade transformar el carácter disonante traído del seno del protoplasmahumano, en un producto uniforme, anodino, especie de diagonal o términomedio entre todas las tendencias divergentes.

»Pero ni gobiernos, ni familias, ni educadores, pueden crear, apesar de las más exquisitas precauciones, un medio moral rigurosamenteidéntico para todos; de donde resulta que las discrepancias y losestridores surgen por todas partes. Constreñida entre las mallas de laeducación burguesa, la naturaleza reclama de vez en cuando sus fueros,y asistida por esas desigualdades irremediables del ambiente social,por el azar de las impresiones personales o el choque de lecturasimprudentes, hace surgir diariamente, para preocupación de maestros ytormento de padres, espíritus rebeldes, celosos de su individualidady resueltos a defenderse de los efectos aplanadores del rodilloigualitario.

»Esto sentado, resulta interesante averiguar en virtud de quéinfluencias quedó desvirtuada y sin efecto, para ciertos díscolostemperamentos, la obra de la presión colectiva, y pudieron mantenerse,con leves e insuficientes adaptaciones, las agudas aristas traídasde la cantera orgánica, a despecho del perenne batir del oleajesocial, que tiende a transformar todas las cabezas en cantos rodados,igualmente lisos, redondos y movedizos.

··················

[p.vii]»Faltaría a la sinceridad que debo a mis lectores si noconfesara que, además de las razones expuestas, me han impulsadotambién a componer este librito móviles egoístas. Cuando el hombre haentrado en el último cuarto de la vida y siente ese molesto rechinar depiezas desgastadas por el uso y aun por el abuso; cuando los sentidospierden aquella admirable precisión y congruencia que tuvieron en laedad juvenil, convirtiéndose en averiados instrumentos de física...gusta saborear el recuerdo de los tiempos plácidos y luminosos dela juventud; de aquella dichosa edad en que la máquina, pulida yrozagante como recién salida de la fábrica, podía funcionar a todovapor, derrochando entusiasmo y energías, al parecer inagotables.¡Época feliz en que la naturaleza se nos ofrecía cual brillanteespectáculo cuajado de bellezas; en que la ciencia se nos aparecía comoespléndida antorcha capaz de disipar todos los enigmas del Cosmos, y lafilosofía como el verbo infalible de la tradición y de la experiencia,destinada a mostrarnos, para consuelo y tranquilidad de la existencia,los gloriosos títulos de nuestro origen y la grandeza de nuestrodestino!

»¡Sí, repetimos, cuando se llega a cierta edad nadie puedesustraerse a esa nostalgia de fuerza y de vida que nos arrastra,como burlando la ley inexorable del tiempo, a vivir otra vez nuestrajuventud, contemplada desde el áureo castillo de nuestros recuerdos,donde buscamos ese calor de humanidad y de afecto que el viejo noencuentra ya en el medio social, cruelmente frío y positivista paralos inválidos del tiempo y los prometidos de la muerte! Los jóvenessobre todo miran al anciano con antipatía; considéranle como obstáculoperenne a su legítima ambición, acaparador egoísta de puestos y honoresoficiales...

»Una advertencia antes de terminar. Ha dicho Renan[p. viii] “que no es posiblehacer la propia biografía como se hace la de los demás. Lo quede uno mismo se dice es siempre poesía”. El gran Goethe encabezatambién su autobiografía con el significativo subtítulo de Poesía yRealidad. En igual pensamiento se han inspirado artistas como Wagner,filósofos como Stuart Mill, naturalistas como C. Vogt, etc., y entrenosotros, dramaturgos como Echegaray, y pensadores como Unamuno.Todos han formado el ramillete de sus recuerdos con las flores másbellas escogidas en las márgenes, no siempre verdes y floridas, delaccidentado camino de la vida. Y con mayor razón deberemos inspirarnosen él las medianías, los grises y monótonos obreros de la ciencia y dela enseñanza.»

Hasta aquí el prólogo de 1901, de que entresacamossolamente los párrafos más significativos.

Como se ve, nuestro propósito era escribir una autobiografía contendencias filosóficas y pedagógicas.

Hoy, transcurridos dieciocho años, me sorprendo un poco de misarrogancias de entonces. Engolfado hasta la preocupación en estudios deíndole analítica, mi cultura psicológica y literaria dejaba harto quedesear. Había leído poco o nada de los admirables educadores inglesesy franceses. Mi documentación era, pues, demasiado deficiente para darcima a la empresa acometida. Si hoy debiera repensar y redactar estelibro, adoptaría de seguro plan, tendencia y estilo diferentes.

Pero carezco del vagar necesario para refundir por completo elviejo texto. En la edición actual me he limitado, por consiguiente, asanearlo un poco, abreviando digresiones, condensando o descartandodesahogos líricos y filosóficos asaz inoportunos, y limando el estilosin tocar esencialmente a lo fundamental del relato.

[p. ix]

En algunos capítulos aparecen adiciones introducidas con la dobleintención de hacer menos ingrata la lectura y de mitigar en lo posiblelas monótonas descripciones de travesuras estudiantiles, en el fondobastante vulgares y corrientes. Se han multiplicado también losgrabados.

A pesar de las referidas correcciones y adiciones, el contenido delprimer volumen de los Recuerdos dista muchode ser comparable, a los fines educativos, con la materia del segundo.Poco me falta hoy para pensar que su valor pedagógico es francamentenegativo.

Mas considerando que el indulgente lector ha agotado una primeraedición, sin contar las aparecidas en dos Revistas literarias[1], me animoa sacar a luz esta segunda, confiando en que el público la acogerá conigual bondadoso interés que la anterior.

Madrid, Junio de 1917.


[p. 1]

Friso ornamental

CAPÍTULO PRIMERO

Mis padres, el lugar de mi nacimiento y mi primera infancia.

N

Nací el 1.º de Mayo de1852 en Petilla de Aragón, humilde lugar de Navarra, enclavado porsingular capricho geográfico en medio de la provincia de Zaragoza, nolejos de Sos. Los azares de la profesión médica llevaron a mi padre,Justo Ramón Casasús, aragonés de pura cepa, y modesto cirujano porentonces, a la insignificante aldea donde vi la primera luz, y en lacual transcurrieron los dos primeros años de mi vida.

Fué mi padre un carácter enérgico, extraordinariamente laborioso,lleno de noble ambición. Apesadumbrado en los primeros años de suvida profesional, por no haber logrado, por escasez de recursos,acabar el ciclo de sus estudios médicos, resolvió, ya establecidoy con familia, economizar, aun a costa de grandes privaciones, lonecesario para coronar su carrera académica, sustituyendo el humildetítulo de Cirujano de segunda clase con el flamante diploma deMédico-cirujano.

Sólo más adelante, cuando yo frisaba en los seis años de edad, diócima

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