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Mitos, supersticiones y supervivencias populares de Bolivia

Mitos, supersticiones y supervivencias populares de Bolivia
Title: Mitos, supersticiones y supervivencias populares de Bolivia
Release Date: 2018-12-08
Type book: Text
Copyright Status: Public domain in the USA.
Date added: 27 March 2019
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Nota del Transcriptor:

Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.

Errores obvios de imprenta han sido corregidos.

Páginas en blanco han sido eliminadas.

La portada fue diseñada por el transcriptor y se considera dominio público


M. RIGOBERTO PAREDES

MITOS, SUPERSTICIONES Y SUPERVIVENCIAS POPULARES DE BOLIVIA

PRÓLOGO
DEL DR. BELISARIO DIAZ ROMERO

ARNO Hermanos.—Libreros Editores
La Paz.—Imp. Artística.—Socabaya 22.
MCMXX


Al ilustre escritor y abnegado propagandista deestudios históricos y geográficos de Bolivia

Don Manuel V. Ballivián

Dedica esta obra

El Autor.


El autor de este libro, D. Manuel RigobertoParedes, nos ha honrado con el encargo de precedera su obra por un corto juicio acerca de ella.

Tan delicada comisión la realizaremos conel mejor gusto, aun cuando reconocemos nuestrainsuficiencia y escasos merecimientos en una laborde esta naturaleza, labor que habría podidollevarla a cabo con mayores prendas de aciertoquien poseyera, es claro, una vasta preparación enel dominio de la sociología boliviana. Pero si voluntadnos sobra, en cambio, lo que seguramenteha de faltarnos será la competencia especial queexigiría el análisis del medio ambiente en que sedesenvuelve la psicología de toda una raza, muydifícil de caracterizarla en sus polícromos matices,cual es la raza aymara-khechua, objeto de las in[ii]vestigacionesdel minucioso observador que haquerido dejar a los futuros estudiosos de nuestropaís, el dossier o autos del proceso, con el que sepuede juzgar la psiquis nacional aborígene.

El libro que nos honramos en presentar hoyal público lector, no es uno de aquellos que se escriben,como si dijéramos por pasatiempo; precisamenteno, es el fruto de largos años de exégesisatenta y controlada en el teatro mismo de la acción,o sea de la convivencia y contacto con elpropio elemento étnico cuyo espíritu se trata deescudriñar. El autor ha nacido, ha pasado suexistencia casi toda, en medio de las capas socialescuyo folk-lore ha querido desentrañar, dándosecuenta exacta del psiquismo tan enrevesado denuestro pueblo.

Los estudios que son el objeto de estaobra, ningún autor boliviano los había emprendidoantes que el doctor Paredes, porque dado el carácterfrívolo de nuestros compatriotas, cosa quetenemos que enrostrarnos, duélanos cuanto sea,¿quién hubiera sido el zamacuco (en conceptofilisteo se entiende) que se preocupe de las abusiones,(bolivianismo puro), creencias y tonteríasde los indios? Nadie que no esté tan desocupadoo pierda su tiempo en averiguar y describir asuntosinsulsos como esos. Mas, contemplando concriterio racional y no de calabaza, el género de laboresa que se entregara el autor, ¿puede supo[iii]nersepor un segundo siquiera, que él ha perdidolamentablemente su tiempo? Nequaquam domini!;precisamente, no ha podido emplearse mejorun talento alimentado y bien nutrido en el espíritucientífico de nuestro siglo, un talento observadory sagaz, patriota, diligente y concienzudo a la vez;un talento, decimos, que posea esas bellas cualidades,no pudo tener más plausible dedicaciónque el ser útil, utilísimo a la ciencia sociológica engeneral y a la psicología del pueblo boliviano enparticular. Es por esto—y en términos de justiciaabsoluta—que Paredes es acreedor al aplauso delmundo entero.

Hasta aquí solamente algunos hombres deciencia europeos o norteamericanos, habían esbozadoalgo de la psiquis de nuestros aborígenes enel tópico a que nos referimos. El libro Mitos,supersticiones y supervivencias populares enBolivia, es, pues, el primer trabajo serio en sugénero que ha salido de la pluma de un escritornacional. Y un trabajo muy curioso en verdad.

Recibámoslo, entonces, con simpático alborozo,leámoslo con placer y sepamos darle elmérito que le corresponde.

El modo de ser íntimo de nuestras masaspopulares, de las que el indio aymara-khechua essu representante más genuino, es, ciertamente, casiidéntico que el que caracteriza al mestizo y aunal criollo, porque sobre la mente del indígena mis[iv]moestá moldeada la de los otros componentes denuestra población nativa. Oh sí, esas creencias ysupersticiones, harto primitivas o pueriles, formantambién el fondo de reserva de la economía mentalboliviana, y dígase lo que se quiera en contrario,la clase media o la parte más considerable,aquella que forma el bloque de nuestro pueblo,participa de la religiosidad y moralidad del habitanteoriginario de esta nacionalidad americana.

A veces en las clases que se reputan cultas,vemos con frecuencia subsistir esas mismassupersticiones, que no han podido aún desarraigarse,ni con el trato de los europeos civilizados.Las brujerías de un callahuaya impresionan todavíafuertemente a la dama más aristocrática ypesan bastante en el ánimo de la mayoría denuestros uerajjochas, que visten levita y calanguantes. ¡Cuánta más fuerza sugestiva no dejade tener en el ignaro provinciano o en el poco letradocholo!

Al reflexionar sobre el grado de atraso intelectualen que se ha quedado el infeliz indígenaboliviano, cuyo patrimonio de ignorancia se hamantenido casi el mismo desde los remotos tiempospre-incaicos, ¡no sabemos qué de amargo desencantoy qué de mortificante desazón embarganuestro sentimiento patrio! Hace sangrar el almael percatarse de la triste condición en que yace lamentalidad de nuestros pobres compatriotas in[v]dios.Y, sin embargo, al examinar con cuidado lasaptitudes mentales de los aymara-khechuas, seadvierte que ellos son capaces de un alto desarrollointelectual, conocedores como somos de suplasticidad cerebral adaptativa y de la elasticidadde su espíritu. En otra ocasión decíamos ya: «Nuestrosindígenas, según lo comprueba la experiencia,no son refractarios al estudio, al perfeccionamientomoral, a la meditación y aun a exceder en condicionesiguales a las razas europeas mejor dotadas...»así es efectivamente, pero si hemos deconservar en su actual cristalización psíquica esteinfortunado elemento étnico de Bolivia, si nadahacemos por disolver en las aguas benéficas de lacivilización esos valores brutos, que tornaríanseinmediatamente en solutos fértiles para esta tierra,digna de mejor suerte, el indio seguirá el mismoparia, salvaje, supersticioso, estúpido, feroz...

Indudablemente que la obra del doctor Paredestiende también a hacer conocer a los poderespúblicos, el estado religioso-social de la colectividadboliviana y a ese título es toda una revelaciónpara los dirigentes de la cosa pública. Enello estriba así, su utilidad fundamental.

Como producción literaria acaso el últimotrabajo del autor, a quien prologamos, no ofrezcani las bellezas retóricas que más agradan al granpúblico, ni los relumbrones de una afectada fra[vi]seología,pero en su sencillez ruda, en el desnudocandoroso con que descubre el sér moral de lamasa gruesa de nuestro pueblo, no hace otra cosaque presentarse sincero y leal; en tal caso es comoel anatómico, que diseca el cadáver de una virgennúbil y hermosa sin pararse en la descripción desus morbideces y atractivos sexuales, opera conla indiferencia y frialdad del sabio.

El surco está abierto ya para otros. ¿Vendránnuevos cultores que prosigan la tarea? ¡Quiénsabe!

La Paz, agosto de 1920.

B. Díaz Romero.


[vii]

Erratas y Correcciones

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17021empeñaase y sacude
18127su cuolassus cuotas
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26121permanezca en él y noy no permanezca en él, y
27727que son actos lanzadosque asemejan a saetas lanzadas

[1]

Mitos, Supersticiones y Supervivenciaspopulares en Bolivia.

Capítulo I
Factores primordiales

I.—El alma de la raza.—La fe enobjetos inanimados y en Santiago.—Ellayka, chamacani, thaliri, kamili, jampiriy yatiri.—La poca importancia delas mujeres en la hechicería.—II.—Instrumentosy manera cómo actúan los brujos.—III.—Influenciade éstos, sus artimañaspara seducir a las multitudes.—IV.—Causaspara la persistencia de lassupersticiones.—Papel del sacerdote yconfusión del fraile con el mito del kharisiri.—V.—Influenciade los sueños.

[2]

I

Las supersticiones son inherentes a la naturalezahumana; ellas son mayores y más dominantessegún el estado de civilización de cadapaís. En el nuestro se adquieren en la niñez ynos acompañan hasta la tumba. A medida quelos individuos descienden en escala social y disminuyesu instrucción, van aumentando en númeroy haciéndose imprescindibles en el dominiode la vida. Tal sucede con los habitantes de escalainferior de nuestras ciudades y pueblos deprovincia, llámense blancos, mestizos o indios,los cuales son orgánicamente supersticiosos. Enel espíritu de estos diversos componentes étnicosapenas han podido tener cabida algunas ideasreligiosas o principios de ciencia médica, que lejosde amortiguar los impulsos naturales de suidiosincracia mediocre, les han servido para disimularlosy encubrirlos. Continúan creyendo indiosy mestizos, en la eficacia de los sortilegiosy maleficios, y en el poder de los que los hacen;veneran aún las cuevas tétricas, los cerros elevados,desiertos y desprovistos de vegetación, loslagos, ríos, o figuras de barro toscamente trabajados,o piedras que tienen venas atravesadas encruz, o formando arabescos, que se aproximen afiguras humanas, y a cuanta cosa encuentran conalguna particularidad extraña, suponiendo, aunqueconfusamente, que tras de todo eso existeuna voluntad personal, que les da movimiento,[3]les hace obrar, o se manifiesta en ellos, o representalos desdobles de sus antepasados. Sus antiguosmitos y leyendas siguen teniendo conturbaday esclavizada su alma sencilla. En la mentede niño de aquellos, la religión y la medicina,se confunden aún con la brujería; el hechicerocon el médico y el sacerdote, a quien con su segundaintención, se complacen en llamarlo tata-cura.[1]

Los párrocos tan ignorantes, como sus feligreses,son los que dan pábulo a esas creencias,predicándoles, enseñándoles a menudo, que losmales son obra del diablo, venganzas de la divinidad;bendiciendo los objetos presentados porlos indios y cholos, colocándolos después en losaltares, junto a las efigies de los santos. Así allado de una Virgen, se ve un trozo de piedra,junto a un crucifijo, un retazo de madera.

La ignorancia de las causas que motivanlos fenómenos naturales, en párrocos y feligreses,han influído, en forma decisiva, para que elfetichismo y las supersticiones indígenas encuentrenaceptación y aliento en las costumbres delpueblo, dando lugar para que el remedio a cual[4]quieradesgracia o enfermedad, se busque, no enla ciencia, sino en la hechicería.

Entre los santos del catolicismo, al que deverasadora el indio y en quién tiene plena fe, esen Santiago, porque lo confunde con el rayo; lotoma por su imagen.

Como los antiguos griegos, creían que Júpiterlo lanzaba, suponen los indios que Santiagoes el que lo forja y envía a la tierra; por esose llaman Apu-illapu, o sea, señor-rayo.

El indio se extasía al contemplar al santomontado a caballo, con aire marcial y sañudo defiero y apuesto capitán, cubierto la testa consombrero de plata, de ancha falda levantada, dejandoal descubierto su arrogante rostro; manteoencarnado, con flecos de oro sobre la espalda,armada su diestra de flamígera espada, en actitudde descargar el arma sobre infieles que se lehan puesto atrevidos al paso, y a quienes los hacetriturar con los pesados cascos de su briosocorcel.

Tal es la fe que la gente del pueblo tieneen Santiago, que cuando alguien ha podido salvarde la descarga eléctrica del rayo, lo conceptúancomo su hijo, favorecido con un bautismode fuego, en señal de haberlo elegido el santo pararevelarle los arcanos de lo venidero, prevenirlos males, descubrir las cosas ocultas y ahuyentarpor su intermedio al espíritu malo, al temibleauka escapado del centro de la tierra, y lafractura o cicatriz producida por el rayo, la con[5]sidera,el que la tiene, como comprobante del papelsobrenatural que debe desempeñar entre sussemejantes.

Asimismo, cuando un niño nace el momentoen que estallan chispas en el cielo, lo llamanhijo de Santiago. También tienen igual condiciónlos mellizos, o el hijo que la madre hubieseafirmado estar concebido para

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